Parábola de los Talentos

En la parábola Evangélica de hoy Cristo el Señor nos dice que todo lo que Él nos regala lo debemos poner al servicio de la gente que nos rodea, para que Dios reciba esos dones como un sacrificio agradable. El señor que repartió los talentos es Dios; los talentos son capacidades, fuerzas, posesiones. Todo eso que tenemos es de Dios, y no “propiedad” nuestra;             todo nos ha sido encomendado sólo por un tiempo. Deberemos rendir cuentas ante Dios sobre cómo y en aras de qué lo hemos empleado.

Quien vive sólo para sí, entierra sus talentos. Regálale a tu prójimo la felicidad temporal si deseas gozar de felicidad eterna. La parábola de los talentos es una advertencia sobre el Juicio venidero.

Entonces, en vez de enterrar nuestros talentos como hicieron los siervos inútiles, debemos embellecer y hacer fructificar todo lo que Dios nos ha dado. El Señor a cada ser humano le da su medida de talentos y su medida de dolores:

“…como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad” (BJ 75)  (Mt 25:15)

Esta es una tarea gigantesca y dificilísima, obligante y de enorme responsabilidad; su esencia está en lograr asimilar en la medida de las fuerzas propias al Espíritu de Cristo y crear desde Él la cultura terrenal de la humanidad:

“…el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos” (BJ 75)  (Mt 25:16-17)

Cada perfeccionamiento comienza por el corazón y acontece en libertad. El principio sacramental de la vida cristiana está en que –por un lado- ésta nos aparta de lo que cotidianamente nos “ocupa” (“apartemos toda preocupación”, como canta la Iglesia Ortodoxa en la Liturgia del Aposento Alto), dándonos la oportunidad de comulgar con la “vida nueva”, la eternidad, el Reino; mientras –por el otro- nos exige que esa experiencia de la vida nueva la re-conduzcamos y la in-corporemos al MUNDO.  Para que “este mundo” sea purificado e iluminado por nosotros mediante la experiencia “no-de-este-mundo”, experiencia “alter-mundista” de la Iglesia.

Trabajemos, pues, por la gloria de Dios, y perseveremos en cumplir los deberes que nos son dados en aras de nuestra salvación, para volvernos servidores fieles, a quienes el Señor les invita a compartir Su alegría en la Casa del Padre.

“Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Pues dice él: En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación. A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga mofa del ministerio, antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, necesidades, angustias; en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos; en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Espíritu Santo, en caridad sincera, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; mediante las armas de la justicia: las de la derecha y las de la izquierda; en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama; tenidos por impostores, siendo veraces; como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos.” (BJ 75) (2Cor 6:1-10)

“En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor” (BJ 75)  (Mt 25:18)  Como el “siervo malo y perezoso” (BJ 75)  (Mt 25:26), en esta tierra podemos jugar roles, engañándonos a nosotros mismos y al resto de la gente, haciéndonos pasar por personas más inteligentes de lo que somos, inventándonos refugios y justificaciones. No nos debemos defender con el argumento de que “tenemos poco”, pues el siervo inútil también tenía sólo un talento, pero, al esconderlo sin provecho, recibió un castigo justo. Porque ni hoy, ni mañana lograremos engañar a Dios:
“vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos” (BJ 75) (Mt 25:19). A la oscuridad total, al infierno, serán lanzados los servidores mentirosos.

Esta parábola es una advertencia sobre la posibilidad de que resultemos condenados a causa de no emprender, de no hacer. ¿Por qué el siervo malo enterró su talento? Porque consideró que lo que le fue asignado era muy poco y por ello no valía la pena dedicarle trabajos y empeños. ¿Acaso no nos suele pasar algo así también a nosotros? No hacemos lo bueno, porque aparenta no ser importante, y hacemos lo malo porque nos parece pequeño. Pero la regla del sabio es: hazlo todo –lo grande y lo pequeño- con la debida atención y perseverancia.

Debemos encontrar dentro de nosotros la FE y la VOLUNTAD para recibir el mundo de manera cristiana, franca y creativa; para combatir por nuestro campo y nuestra siembra. RECIBIR EL MUNDO EN CONSECUENCIA DE RECIBIR A CRISTO y sobre tal base construir la cultura cristiana; desde el Espíritu de Cristo, bendecir, dotar de sentido y creadoramente transformar el mundo; no condenar su externamente aparente regularidad y ley natural, ni pretender que desfallezca su potencia anímica, sino conquistar todo eso, transformarlo y ordenarlo con belleza – mediante el amor, la voluntad y el pensamiento; el trabajo, la creación y la inspiración. Mientras vivimos, mientras aún hay fuerza en nuestro cuerpo,  mientras el Señor todavía prolonga nuestros días, oigamos este llamado hodierno de la Santa Iglesia, en la medida en que nos permea el Señor en su Evangelio de hoy:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. -Les decía también:- Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios” (BJ 75)  (Mc 8:34-38; 9:1)

No desatendamos al llamado del Señor. Vivamos no una vida ínfima, presa en nuestros egos, sino una vida que se derrama desde las entrañas del Señor y nos arroja a la eternidad. Amén.

padre Dimitriy Orekhov, 29.09.2014, Havana, Cuba

BJ 75= Biblia de Jerusalén (escuela bíblica de Jerusalem, versión 1975)

Опубликовать в Facebook
Опубликовать в Google Plus
Опубликовать в LiveJournal
Опубликовать в Мой Мир
Опубликовать в Одноклассники
Опубликовать в Яндекс
Esta entrada fue publicada en Noticias, Sermón. Marcar el permalink.

Comments are closed.